(Makedde Vanderwall 02) Split by Tara Moss

(Makedde Vanderwall 02) Split by Tara Moss

Author:Tara Moss
Language: es
Format: mobi
Published: 2010-05-16T22:00:00+00:00


Una hora más tarde, Makedde entraba al hotel Renaissance, que estaba frente al puerto, por la calle West Hastings. Había salido disparada de la cama, se había puesto algo de ropa y un poco de maquillaje, y se había ido hacia allí. Temía que algo así pudiera sucederle. Conocía demasiado bien sus debilidades.

Había racionalizado sus acciones como si fuera una estudiante con un máster en autoengaño, y se había convencido de que solo quería hablar con Andy para descubrir qué ocurría. Tenía algo importante que contarle y ella necesitaba saber de qué se trataba. Era así de simple. Quizá se encontraba con que hablando durante un rato lo desmitificaría todo. Y eso sería todo. Se enteraría y finalmente se quedaría tranquila. Dormiría mejor que desde su primera llamada desde Quantico. Demonios, probablemente dormiría mejor que desde que se conocieron.

Makedde se acercó a la recepción.

—Disculpe. Hola.

La joven recepcionista la miró. Tenía una cara dulce, como de querubín, y Mak no pudo evitar fijarse en que la chica había dejado que le creciera una permanente mal hecha. El cabello castaño de la joven era brillante y liso hasta que alcanzaba el nivel de las orejas; entonces le explotaba en rizos enmarañados. Los ojos de Mak se posaron en él y se preguntó si habría sido peluquera en una vida anterior.

—Buenas noches. ¿Puedo ayudarla en algo?

—¿Podría llamar a uno de sus huéspedes, por favor? Su nombre es Flynn. Andrew Flynn, habitación 330. También quisiera asegurarme de que no ha pedido que lo despierten temprano. No quiero molestarle.

—Desde luego, un momento, por favor.

Mak alzó la vista hacia el reloj que había en la pared detrás de la recepción. Solo pasaban unos minutos de las once. No era demasiado tarde. Andy también era nocturno, como ella. Si algo sabía de él era que aún tardaría en irse a la cama y que no le importaría que ella le hiciera una visita. Además, le había dicho que lo llamara a cualquier hora. Lo único que difería de aquello es que lo llamaba justo desde la recepción. Algo sin importancia, en realidad.

—Ah, Flynn, sí. Si no le importa utilizar el teléfono blanco que tengo a mi izquierda, puede marcar el cero, tres, tres, cero y la pondrá en contacto directo con la habitación. No ha solicitado el servicio de despertador.

—Muchas gracias.

Makedde se dirigió hacia el teléfono, marcó y oyó cómo sonaba en la habitación de Andy. Tenía que admitir que todo aquello era algo extraño. Al principio no tenía intención de hablar con él y ahora se encontraba haciendo aquello. No cabía duda: el insomnio le podía estar afectando en su toma de decisiones.

No hubo respuesta.

«Si quiere dejar un mensaje de voz en la habitación tres, tres, cero...», le dijo el contestador automático.

Colgó. «Mierda.»

Makedde se encaminó de nuevo hacia la recepción.

—¿Su amigo no le ha contestado? —le preguntó la joven.

«Mi amigo.»

—No.

—¿Quiere dejarle un mensaje?

—No, gracias. Lo esperaré unos minutos, ya que estoy aquí.

—Por favor, póngase cómoda —le dijo señalando hacia la zona de espera.

Makedde se sentó en un sillón en una de las esquinas de la sala que había en recepción mientras decidía qué hacer.



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